viernes, 8 de enero de 2010

CONSUELO MENÉNDEZ GONZÁLEZ (Madrid, 13 de julio 1949 - Madrid, 17 de nov 2009)

Begoña Montes recuerda a la poeta Consuelo Menéndez González


BERTA Y LUISA


Junto a la ventana, alrededor de una mesa camilla, conversan dos hermanas.
- ¿Sabes Luisa? me casaré en primavera, en el mes de Abril, cuando las flores hayan empezado a florecer y los parques estén verdes.
- Tú siempre con tus flores: no tendrás bastantes con todos los tiestos que hay en casa.
- Como te digo, me casaré en el mes de Abril y si tengo la suerte de que haya llovido la noche anterior para que todo esté limpio y huela a tierra mojada, tanto mejor. Creo que ese día amanecerá sólo para mí. Quiero que mi vestido sea todo blanco, con un corte debajo del pecho, donde llevaré prendido el azahar, que dicen que trae buena suerte.
- ¡Qué pesada eres con las flores!
- Como te decía, llevaré prendido el azahar bajo el pecho, la cintura será ajustada, realzando mi figura y llevará cola, no muy pronunciada, pero resultará muy elegante. El velo será de tul y lo llevaré sujeto con una diadema.
-¡De flores!
- Pues sí, de flores que recogerán mi pelo y dejará despejada mi cara. El velo lo quiero llevar tapándome la cara, para que cuando ya seamos marido y mujer, mi esposo con delicadeza lo levante y pueda ver mi felicidad. ¡Ah! también llevaré los pendientes de perlas de la abuela.
- ¡Las perlas dan mala suerte!
- Luisa, llevaré los pendientes de la abuela y una liga azul. La iglesia estará repleta de...
- Flores, seguro.
- Sí, de flores blancas y lazos blancos que adornarán los bancos; entraré por la alfombra roja del brazo de papá. ¡Qué orgulloso va a estar!
- Seguro.
- Nos iremos de luna de miel a Sevilla, es una ciudad que me gusta, me parece preciosa. ¿Sabes que hacen concursos en los patios adornándolos con flores?
- Buenos, ¡basta ya, Berta, basta ya! Que llevo cincuenta años oyéndote la misma historia.
- Luisa, no seas desagradable; pareces una solterona amargada.
- Es lo que soy; bueno, lo que somos. Tú por tus exigencias juveniles; que si tiene que ser alto, guapo, con mucho dinero y qué ha pasado...
- Calla, que a ti te dejaron plantada en el altar.
- Sí, si aquel día no hubiera entrado en l iglesia aquella mujer con el niño en brazos diciendo que era su hijo, yo, hoy, no sería una solterona. Estaría casada.
- Pero al final, todo habría acabado mal. Para qué vamos a lamentarnos ahora.
- Tienes razón Berta: prefiero recordar tus fantásticas historias a mi desagradable pasado.
- Parece que se ha hecho de noche, iré a hacer la cena.
- Te ayudaré a poner la mesa; dame el bastón, hoy me duelen mucho las piernas. Este reuma me va a matar; seguro que mañana llue
ve.

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